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El paisaje mental y la sociedad de la comunicación (Eugenio Pandolfini)

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MODERNO, POSMODERNO, NO MODERNO, PREMODERNO_ Son términos vagos que adquieren un significado más preciso cuando se tienen en cuenta las concepciones de la ciencia que implican. Con el término “modernidad”, lo que se señala es una solución que ha creado un tipo de política en la que la mayor parte de las actividades se justifican a si mismas por referencia a la naturaleza. De este modo, cualquier noción de un futuro en el que la ciencia o la razón desempeñen un papel más extenso en el orden político es moderno. El vocablo “posmoderno” alude a la continuación de la modernidad, excepto por el hecho de que ha desaparecido la confianza en la extensión de la razón. El “no moderno”, por el contrario, se niega a utilizar la noción de naturaleza para cortocicuitar el proceso político pertinente, y sustituye la división moderna y posmoderna entre la naturaleza y la sociedad por la noción de colectivo. El de “premodemidad” es un término exótico que se debe a la invención de otro término, el de creencia. Aquellos que no sienten un particular entusiasmo por la modernidad se hacen acreedores de la acusación de poseer una cultura que solo alimenta creencias pero que no tiene verdadero conocimiento del mundo. (Latour, 2001) (M20 – SC)

Otra posibilidad Quedarse un tiempo en la orilla, en los márgenes. Es otra manera de sentir el  río. Puedes ser sedimentado por los sedimentos, puedes ser erosionado, lanzar redes… Y todo con un audio que puede venir de ceros y unos, o del lugar,  y que luego incluso puede salir de ti en doses unos y sietes o en lugares. (M3 – EG)

El paisaje es múltiple, nos advertía Oteiza, nosotros, completamos la apreciación, el paisaje es “complejo”, en tanto tiene la dimensión real e imaginaria.Puede ser entendido como un lugar, como un área, un espacio o una  construcción mental…, según operemos desde la cartografía, la geografía, desde la arquitectura ó la filosofía….Desde un enfoque caleidoscópico, el paisaje surge de la interacción de  diversos agentes geográficos, cartográficos, arquitectónicos, poéticos… que intervienen en su construcción y que tienen un reflejo en el espacio tangible.Una posible definición de paisaje que compartimos dentro de los Cursos de Doctorado  “La Construcción del Paisaje…” del Departamento de Proyectos en la ETSAM, viene dada del entendimiento de posiciones marginales entre el arte y la arquitectura, entre Oteiza y Smithson: el  paisaje es una corporeidad múltiple, que constituye un campo de energía complejo. (M42 – CL+DG)

MAP 03:  El paisaje mental y la sociedad de la comunicación

“La arquitectura está condicionada por el espíritu de una época y el espíritu de una época se forma a partir de las profundidades de la historia, de la noción de presente del discernimiento del porvenir”. Le Corbusier

El lugar entendido en el sentido de contexto donde se sitúa el proyecto, en su doble acepción física y mental, es desde siempre un tema central en el debate arquitectónico. Llevando a sus extremas consecuencias una reflexión sobre la dualidad de este concepto, está claro que si el contexto físico (histórico, morfológico, geográfico, …) es capaz de influir sobre cada proyecto de manera individual, el contexto mental, o más bien, como lo define Antonino Saggio en un texto reciente[1], el paisaje mental de una determinada época, influye necesariamente en la Arquitectura de ese momento dado. Si desde un cierto punto de vista puede ser arriesgado asumir posiciones rígidas estableciendo conexiones demasiado directas entre otras disciplinas y la arquitectura, por otra parte es innegable que la investigación arquitectónica parta de una suerte de contexto ideal en el cual se coloca, partiendo de algunos elementos ya existentes en la realidad, desarrollando otros elementos relativos a la disciplina, y – sobre todo – incorporando modelos científicos útiles para evolucionar y desarrollar nuevas interpretaciones culturales y espaciales.

Existen ejemplos bien documentados que sostienen estas cuestiones: el enfoque determinista de la arquitectura fue desarrollado, a inicios del siglo pasado, por un grupo de estudiosos alemanes (entre los cuales se destacan Jakob Burckhardt, Sigfried Giedion, sir Nikolaus Pevsner y Heinrich Wölfflin) que consideraba la arquitectura como pura expresión del espíritu de la época. Burckhardt y Wölfflin introdujeron el concepto de Zeitgeist en sus estudios sobre el Renacimiento italiano, mientras Gideon y Pevsner lo aplicaron a la arquitectura moderna.

Además de los textos de Burckhardt y Wölfflin, en 1927 Erwin Panotsky publica “La perspectiva como forma simbólica”: en este texto el historiador reconoce la perspectiva brunelleschiana no como un mero expediente técnico perteneciente a la representación, sino como investigación de un método para fijar la relación entre objeto e imagen de modo unívoco, como una conquista del espíritu, en definitiva como portadora de una específica visión del mundo. La perspectiva asume el significado de forma simbólica, vehículo de una particular Weltanschauung producida por una época. También Leonardo Benevolo, en su “Storia del Rinascimento”, está de acuerdo en que la perspectiva contribuye a definir una idea diferente y original del espacio geográfico, arquitectónico e incluso cósmico, por lo que – con el consecuente cambiar del contexto (o paisaje) mental – Filippo Brunelleschi y Leon Battista Alberti fueron capaces de revolucionar la arquitectura gótica y establecer nuevos paradigmas: la nueva arquitectura se desarrolló de manera que fuese “perspectivizable”, basándola en los órdenes clásicos, en la proporción, en la simetría. La primera obra totalmente renacentista es el Hospital de los Inocentes (1419): Brunelleschi utiliza un sistema modular, a través del cual, estableciendo una medida estándar se construyen todas la demás estructuras. Esta tendencia a resolver en relaciones perfectamente medibles cada elemento arquitectónico y a buscar una nueva belleza a través de la tensión de las líneas, de las superficies, de los volúmenes rigurosamente distribuidos en articulaciones orgánicas se relaciona de manera biunívoca con los nuevos métodos de proyecto y de representación, contribuyendo a ligar indisolublemente la gran originalidad de la arquitectura renacentista al nuevo espíritu de los tiempos.

Unos 400 años después la revolución industrial determinó a su vez importantes cambios: migraciones, formación de nuevas clases sociales, nuevos sistemas filosóficos, nuevas organizaciones del pensamiento científico y también nueva arquitectura. La lógica lineal analítica y racionalizadora en la que se basó el pensamiento positivista, articuló toda la arquitectura del movimiento moderno. El mundo optimizado de la revolución industrial y el concepto de máquina definieron el Zeitgeist de toda Europa desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo pasado. Y Walter Gropius, Mies Van Der Rohe, otros arquitectos, historiadores del arte, críticos (hemos recordado antes a Sigfried Giedion y Nikolaus Pevsner) y filósofos unidos por esta nueva concepción, encontraron en el racionalismo, en la transparencia, en la falta de ornamento las líneas objetivas de la nueva arquitectura. El edificio de la Bauhaus de Dessau (1925) es probablemente el punto de referencia para el racionalismo alemán[2], la encarnación de los principios fundamentales relativos al espíritu de la época: estructura cartesiana, relación con el tejido urbano en el cual se sitúa (el edificio se abre hacia la ciudad), enormes cerramientos de vidrio que responden a la exigencia de dar luz a los laboratorios pero que al mismo tiempo resumen principios racionales, higiénicos e ideológicos: “en una comunidad democrática las casas son de vidrio, no se esconde nada, todo comunica, y la escuela es el núcleo comunicador, el modelo de la comunidad democrática” [3]. El edificio en forma de L se concibe como una lenta rotación del los volúmenes, una “forma en formación”, regulada por una “masa inerte”: el edificio de las habitaciones-estudio, lugar de reposo, siguiendo el principio de la máquina que determina el espacio y las formas.

Si hoy hablar de Zeitgeist puede parecer anacrónico, el concepto de paisaje mental – por su amplitud, por sus conexiones con otros campos disciplinares, por la riqueza de connotaciones del término “paisaje” – parece resumir mejor una idea variable e indeterminada de contexto cultural, de cuadro de referencia fluido en el cual desarrollar nuevas visiones. Por otra parte la sociedad post-industrial en la que vivimos, cien años después de las experiencias de los arquitectos de la nueva objetividad, ha cambiado a su vez de paradigmas y referencias. El progreso tecnológico, la difusión capilar de los dispositivos informáticos de redes en la vida cotidiana, el estructurarse de una nueva visión del mundo (ligada a la difusión del pensamiento post-moderno[4]) basada en la atomización de la sociedad y en la crisis de los sistemas de pensamiento globalizantes, la importancia creciente atribuida a la interactividad y a la simultaneidad han modificado profundamente el tejido social y el panorama cultural, con repercusiones profundas que se pueden verificar fácilmente en varios campos. La estructuración de la sociedad de la información, dice Vattimo[5], se basa en los mass media y en las características de los medios de comunicación: por ese motivo la sociedad se caracteriza también por la oscilación, la pluralidad, la simultaneidad y, como consecuencia natural de esto, por la subjetividad, el cambio continuo y el pensamiento y las estructuras “débiles”. Las palabras clave del movimiento moderno (estándar, tipología, cadena de montaje, zoning) han sido sustituidas por nuevos conceptos: personalización, individualización, red. El paradigma informático con sus aspectos ligados a la interconexión, a la interactividad, a la simultaneidad y a la modificabilidad se convierte en el nuevo contexto para los arquitectos contemporáneos. Se convierte en el nuevo paisaje mental. Elemento catalizador de este paisaje mental: la red informática, internet.

En los últimos 15 años la investigación arquitectónica se está confrontando con el nuevo contexto, con el nuevo espíritu de la época, midiéndose esta vez sobre algunas cuestiones aparentemente inconciliables con su esencia misma. Dejando a un lado las experiencias ligadas a la investigación pura (por ejemplo las visiones digitales de Greg Lynn) y a la mezcla entre virtual y real relacionada con el desarrollo de la tecnología de la Augmented Reality (AR), existen ya experiencias arquitectónicas más o menos recientes (véase por ejemplo la casa Girasol en Marcialise de Angelo Invernizzi, de 1933) que se han enfrentado al tema más complejo – quizá el tema central – planteado por el paradigma informático, es decir, la interactividad física de los edificios. Podemos citar por ejemplo los experimentos de interactividad ambiental de los precursores Toyo Ito (con la Torre de los vientos de 1986) y Jean Nouvel (con el Instituto del Mundo Árabe de 1987), los intentos de aplicar a los edificios movimientos mecánicos como en el caso citado de la casa Girasol, o desplazamientos dirigidos, como en el caso de la Water Villa de Hertzberger (2002). Otros ejemplos notables se refieren a los sistemas de interacción emotiva, como es el caso del pabellón ADA de la Swiss Expo de 2002, por no hablar de las realizaciones de Marcos Novak, Kas Oosterhuis, del grupo Nox (el Waterpavilion de 1997) y por último Diller y Scofidio (Blur building de 2002). Todas experiencias de gran valor conceptual y técnico pero también estético.

Existen de todas maneras otras experiencias proyectuales profundamente relacionadas con estos temas de manera menos evidente y directa, pero desde un cierto punto de vista más sustancial. Hemos citado algunos ejemplos en los cuales los nuevos conceptos portados al ámbito disciplinar fueron declinados en términos científicos, tecnológicos, funcionales y estéticos: pero un desafío importantísimo está también teniendo lugar en el campo social y ético. A nivel de los medios de comunicación el propio enfoque de los usuarios hacia la web y hacia la interacción en la red está cambiando en estos últimos años: lo que quizá distingue nuestra época es que el catalizador mismo de nuestra cultura social está en constante movimiento debido a su esencia reticular y no física[6]. Este estado de revolución de Internet (y en particular de la World Wide Web) respecto a la condición precedente se denomina genéricamente con el nombre de Web 2.0. Se tiende a indicar de este modo una transformación en la manera de concebir Internet que ha hecho pasar a la red de ser un gran contenedor de páginas web y portales – en los cuales información y conocimiento eran producidos por pocas fuentes capaces de hacerlo financiera y profesionalmente – a un modelo de contribución abierto a todos a través de sistemas capaces de compartir valoraciones, puntos de interés, contenidos, sea a través de videos (Youtube), imágenes (Flickr), música y audio en general (Napster), textos y términos (Wikipedia), experiencias y relaciones mediante blogs y social network (Facebook, LinkedIn, MySpace) o contactos always-on (Twitter). Un fenómeno de los más sorprendentes entre los que normalmente se asocian a la Web 2.0 es el relativo al user generated content (UGC): una auténtica filosofía a través de la cual la producción de los contenidos desarrollados por sujetos especializados es dejada a un lado, en ciertos casos sustituida, por la producción de los usuarios que, por su gran cantidad, atención y pasión, consiguen realizar un proceso de producción de información más incisivo y oportuno de lo normal; es una manera de reinterpretar el concepto de hipertextualidad e hypermediality poniendo en el centro del proceso al usuario en el nombre de una construcción participada, débil e interactiva del saber. El propio Tim Berners-Lee dice: “La Web es más una innovación social que una innovación técnica. La he proyectado para que tuviese una repercusión social, para que ayudase a las personas a colaborar, y no como un juguete tecnológico. El objetivo último de la Web es mejorar nuestra existencia reticular en el mundo[7]”.

La misma tendencia a la construcción “débil” se vislumbra en el trabajo que algunos proyectistas están desarrollando en los últimos años. Podemos hablar de escritura débil del texto arquitectónico, entendiendo por esto un posicionamiento enfocado a resolver problemáticas arquitectónicas (y urbanas) a través de dinámicas fluidas, menos ligadas a líneas de intervención fuertes, dogmáticas o académicas, sino más bien basadas en las relaciones de proximidad, en la apropiación de los espacios por parte de los usuarios, en la superposición de funciones y en la interacción de los usuarios con la arquitectura. Un posicionamiento que, si bien reconoce al proyecto su indudable valor estratégico, prioriza precisamente la intervención (participación) de los usuarios en el proceso, pero sobre todo promueve la apropiación y la modificación de los espacios públicos y privado por parte de los usuarios finales, con una especie de copia/modifica/pega muy similar a las lógicas hoy predominantes en el mundo de la comunicación de masas de Internet. La investigación proyectual se dirige hacia el establecimiento de nuevos dispositivos que propongan espacios sensibles a los crecientes flujos de intercambio entre poblaciones híbridas con relación al trabajo, turismo, tiempo libre, conocimiento: espacios pensados, en definitiva, a partir de la diversidad y de la individualidad, más que desde la homogeneidad y la colectividad. Ya desde hace tiempo arquitectos como Lacaton & Vassal están desarrollando soluciones proyectuales basadas en una tendencia hacia la indeterminación, hacia lo genérico, lo menos construido posible, tanto a nivel de proyecto público como privado. Procesos de notable carga ética, basados en la densidad y en las relaciones de proximidad como elementos activadores de interactividad y de interrelaciones: el proyecto para el Palais de Tokio (2001) parte de una base non-finita para predisponer un fundamento débil sobre el cual el usuario-artista debe intervenir, ponerse en acción y, apropiándose de los espacios, escribir su contenido, modificando e interactuando con el edificio y con los espacios según las necesidades y el programa, a través de modalidades analógicas y no digitales, poco tecnológicas y no automáticas, contribuyendo de esta manera a crear un palimpsesto compartido, flexible e interactivo. La Escuela de Arquitectura de Nantes (2009) a su vez trabaja sobre la densidad de funciones y de relaciones de proximidad con la ciudad en torno a ella, a cuyos ciudadanos se abre en los pisos inferiores. Los espacios extra obtenidos en el edificio[8] permiten dotar al proyecto de amplios espacios libres de relación, espacios híbridos entre interior y exterior, que tanto usuarios e estudiantes como ciudadanos pueden utilizar mediante la apropiación, personalización y autoconstrucción temporal. Hablando de vivienda, que normalmente es el primer tema sensible a las transformaciones de los modos de comportamiento y de las evoluciones de los modelos sociales y físicos, Lacaton & Vassal dicen: “Es importante que los usuarios puedan apropiarse de la vivienda. La arquitectura puede integrar en su concepción esta capacidad de aceptar la vida y el funcionamiento ligado a las personas. […] No debe crear un cuadro vinculante que imponga un modo de vida. La arquitectura debe crear lo esencial y permitir los movimientos y el cambio. Esta capacidad no tiene nada que ver con una flexibilidad tecnológica, a menudo muy cara (como por ejemplo las paredes móviles, etc…). Se trata más bien de no predeterminar demasiado el uso de los espacio”.  El proyecto de vivienda social de Mulhouse (2005) concretiza este concepto: casas sociales más amplias respecto a los límites de la normativa, indeterminación programática, utilización de materiales pobres y de tecnologías simples que faciliten la modificación y la interacción (las casas fueron entregadas sin ningún tipo de divisiones o subdivisiones de los espacios[9]).

Notas:


[1] Antonino Saggio, “La rivoluzione informatica”, Carocci, Milano 2007.

[2] Gillo Dorfles, Angela Vettese, “il Novecento, protagonisti e movimenti”, Atlas, Bergamo 2006.

[3] Carlo Giulio Argan, “Walter Gropius e la Bauhaus”, Einaudi, Torino 2010

[4] En “La condizione postmoderna” (1979) J. François Lyotard adelanta la multiplicación de los lenguajes, la atomización de la sociedad, la caída de los sistemas de pensamiento globalizantes (estructuralismo, marxismo, etc), y como consecuencia la devaluación de los valores últimos de la modernidad, capaces de aclarar, fundar, justificar y legitimar un orden de la sociedad, de dar un sentido unitario y por lo tanto una efectiva inteligibilidad a la vida humana y a la sociedad.

[5] Gianni Vattimo, “La società trasparente”, Garzanti, 2000. Para Vattimo la sociedad en la que vivimos es una sociedad de la comunicación generalizada y plural, que , en definitiva, resulta opaca por la imposibilidad de establecer referencias unívocas o principios de verdad de ámbito general (tema de la erosión del principio de realidad, ya desarrollado por Lyotard). No hay nada absolutamente cierto, seguro, evidente, sino que todo es ficción, fábula, cambio continuo.

[6]La consecuencia más importante es que el paisaje mental tiende a licuarese, a modificarse constantemente.

[7] Tim Berners-Lee, “L’architettura del nuovo Web”, Feltrinelli, Milano 2001

[8] La estructura de la escuela se realizó con la misma tecnología que normalmente se usa para la construcción de aparcamientos de varios pisos. El ahorro producido por esta decisión se invirtió en la cualidad y el la cantidad de los espacios a disposición.

[9] Las fotografias oficiales se hicieron meses despues que los habitantes hubieran entrado en las viviendas, apropriándose de los espacios y modificando sus propias casas.


Bibliografia

  • P. Murray_ L’architettura del Rinascimento italiano. Editori Laterza, Bari, 1987
  • N. Pevsner_ Storia dell’architettura europea. Il Saggiatore, Milano 1984
  • R. Wittkower_ Princìpi architettonici nell’età dell’umanesimo. Giulio Einaudi editore, Torino 1964
  • N. Pevsner_ L’architettura Moderna e il Design. Da William Morris alla Bauhaus, Einaudi, Torino 1969
  • S. Giedion_ Spazio, tempo, architettura, Hoepli, Milano 1954
  • Carlo Giulio Argan_ Walter Gropius e la Bauhaus, Einaudi, Torino 2010
  • G. Kubler_ La forma del tempo, Einaudi Editore, Milano 2002.
  • a cura di G. Vattimo e P. A. Rovatti_ Il pensiero debole, Feltrinelli, Milano, 1983.
  • G. Vattimo_ La società trasparente, Garzanti Editore, Milano, 2007.
  • Jean-François Lyotard_ La condizione postmoderna: rapporto sul sapere, Feltrinelli, Milano 1981.
  • Antonino Saggio_ La rivoluzione informatica, Carocci, Milano 2007.
  • Tim Berners-Lee_ L’architettura del nuovo Web, Feltrinelli, Milano 2001.
  • Antoine Picon_ Digital Culture in Architecture, Birkhäuser, Basel 2010.
  • Ilka & Andreas Ruby_ Lacaton y Vassal, 2G Libros Books, editor Gustavo Gili, Barcelona 2007.
  • Ilka & Andreas Ruby_ Lacaton y Vassal, Cité de l’architecture & du patrimoine, editor Legovic, La Chapelle sur Erdre (France) 2009.
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